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¡Del guta al no guta!

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Había una vez un alimento por el que todo el mundo deliraba: la pasta. Fácil de preparar y con una aceptación entre los niños de cualquier edad. Pero su éxito era tal, que pronto los otros platos eran rechazados y la especialidad se tornó en una condena: ¡Ahora eres la reina de la pasta!

Lunes, Febrero 1st, 2016

Había una vez un alimento por el que todo el mundo deliraba: la pasta. Fácil de preparar y con una aceptación entre los niños de cualquier edad. Pero su éxito era tal, que pronto los otros platos eran rechazados y la especialidad se tornó en una condena: ¡Ahora eres la reina de la pasta!

La fascinación de los niños por la pasta es inmensa, nunca se cansan de comerla. Eso te simplifica la vida increíblemente. Has aprendido a adaptar, disfrazar y variar las presentaciones.

Pero nada es tan fácil. Puede que tu pequeño solo quiera pasta y rechace todo lo demás: las zanahorias, las espinacas, las arvejas y los alimentos que comía con tantas ganas hasta hace poco tiempo. “¡No guta!”, dice y se niega a comer. Esa situación se denomina “neofobia” y suele presentarse hacia los dos o tres años, cuando muchos niños se vuelven cada vez más selectivos.

Y aunque el problema se soluciona alrededor de los seis años, mientras dura, el veredicto siempre es el mismo: “No guta”. Por más que te exasperes por su falta de curiosidad, le supliques (“pero pruébalo antes de decir que no te gusta”) y te desesperen sus miradas de desprecio frente al platito de verduras, no hay nada que hacer.

De esta intransigencia siempre se salvan los mismos alimentos: la pasta, el arroz, la sémola, las papas. Eso indica con claridad que a los niños les encantan los cereales y la fécula. Y aunque parece malo, en realidad es una buena noticia que solo les guste la pasta.

Los cereales y la fécula (leguminosas o tubérculos) son la base de la alimentación humana. Tanto el trigo como el arroz llevan cultivándose y consumiéndose desde la Edad Antigua. Hay países en los que todavía ocupan un lugar central en la dieta, principalmente en Asia, donde la diversificación alimentaria empieza con el arroz.

Los cereales y la fécula resultan esenciales para nuestra alimentación porque nos aportan hidratos de carbono complejos, fuente de energía fácilmente utilizable por el organismo. Además, proporcionan una sensación de saciedad y son muy digeribles. Su sabor, con frecuencia dulce, gusta a todo el mundo.

Desde el punto de vista de los niños, las diferencias entre féculas y verduras podría expresarse así:

Féculas = sensación de saciedad + energía + digestión fácil + buen sabor
Verduras = poca energía + digestión menos fácil (sobre todo por la fibra) + sabores diferentes

Ahora, seguro te preguntarás ¿los niños no tienen que comer verduras? Ciertamente, las verduras, al igual que las frutas, contienen muchas vitaminas y fibra, que no se encuentran en la fécula y los cereales. Por esa razón, aunque no debes negarle el arroz y la pasta, tampoco deberías dejar que sean lo único que coman.

 

El arte de decorar con ingenio los platos de pasta

Te presentamos algunos trucos para hacer más digerible la comida de tu pequeño:

- El gratinado. Te ayudará a servir el arroz o los fideos sutilmente mezclados con espinacas, brócoli u otras verduras.
- El puré de papas ligeramente coloreado. Te permitirá aumentar la presencia de verduras en el menú de tu pequeño.
- El revoltijo de tallarines y vainitas verdes. Deberá estar tan bien revuelto que hasta el niño más mañoso renunciará a su afán de separar la comida.
- Las verduras divertidas. Esta categoría está conformada por las alcachofas y todas las verduras que se puedan comer con las manos.


¿Y tú comes verduras?

Ten algo en claro: si el niño es el único al que le sirven un plato de espinacas, es muy probable que proteste. En cambio, si el niño ve a los padres comerlas sin que le inviten, puede que las exija de forma espontánea, ofendido por haber sido excluido del menú familiar.

Los niños son imprevisibles. Sus preferencias varían constantemente. Por eso no hay que renunciar a una verdura de las “no guta”. Hay que ir haciendo intentos, introducir el vegetal en el plato de pasta, no insistir demasiado. Nunca hay que forzar. Aunque tenga edad de comprender, no hay que repetirle que es bueno para su salud o que necesita vitaminas. Eso le aburre, no le interesa e, incluso, puede producir el efecto contrario.

El aporte de nutrientes se cubre con las ingestas de una semana

Recuerda que el equilibrio alimentario de un niño pequeño no se consigue con una comida, ni con todas las ingestas del día. Que cene varios días solo a base de féculas no hará peligrar su equilibrio. Si no almuerza en casa, pregunta en la guardería o el nido. Es probable que en otras partes sí coma y solo use los “no guta” en el ámbito familiar. Eso no tiene nada de raro: es con los padres con quienes busca afirmar más su personalidad.

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