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Jugar es bueno para el cuerpo y para la mente

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Mi hija de 18 meses hace gimnasia para bebés todas las semanas. Ha aprendido un montón de actividades: andar sobre el potro sin caerse, saltar sobre un trampolín y dar volteretas ¡Y eso que hace unos meses tan solo sabía gatear! Ahora le encanta repetir los ejercicios en casa y enseñarnos sus progresos". A mi hijo le encanta jugar, saltar, correr, pedalear... ¿No se cansa nunca? ¿Cómo canalizar la energía de mi pequeño bólido sin dejar de estimularlo?

Martes, Febrero 2nd, 2016

Mi hija de 18 meses hace gimnasia para bebés todas las semanas. Ha aprendido un montón de actividades: andar sobre el potro sin caerse, saltar sobre un trampolín y dar volteretas ¡Y eso que hace unos meses tan solo sabía gatear! Ahora le encanta repetir los ejercicios en casa y enseñarnos sus progresos". A mi hijo le encanta jugar, saltar, correr, pedalear... ¿No se cansa nunca? ¿Cómo canalizar la energía de mi pequeño bólido sin dejar de estimularlo?

Tu pequeñín está desbordante de energía desde la mañana hasta la noche; le encanta jugar y descubrir cosas nuevas. Eso supone tu atención constante para evitar accidentes, pero da gusto ver una actividad tan entusiasta, puesto que demuestra un buen desarrollo psicomotriz. Detengámonos unos instantes en la importancia del juego durante la primera infancia y revisemos algunas ideas que te ayudarán a diversificar el entretenimiento.

A cada edad, sus descubrimientos

Desde que es muy pequeño al bebé le gusta jugar y sobre todo descubrir nuevas maneras de divertirse. A los tres meses, se ríe a carcajadas cuando juegas con él a taparte la cara y a aparecer de golpe. ¡Podrían estar así durante horas! Cuando tiene unos siete u ocho meses, su nuevo juego es tirar un juguete al suelo ocho veces seguidas, ¡y le hace tanta gracia verte recogerlo una y otra vez! También le encanta jugar al caballito sobre tus piernas o hacer que se caigan las torres de cubos.

Entre los nueve y diez meses, suele empezar a andar a gatas. Entonces se abre ante él un terreno de juegos extraordinario. Por primera vez puede tocar todo lo que quiere y empieza a agarrarse de los muebles para ponerse de pie. ¡Qué orgullosa te sientes de tu pequeño aventurero!

¡Qué orgullosa te sientes de tu pequeño aventurero! Una vez que se tiene en pie, ¡ya no hay quien le ponga freno! Ahora sabe andar hacia atrás, saltar, subir y bajar las escaleras... y te sorprende cada día.  El desarrollo de la motricidad mejora sus capacidades físicas (equilibrio, agilidad, tonicidad) así como su capacidad sensorial y la confianza en sí mismo.

¡Ven a jugar conmigo!

Hacia los seis meses de edad, un bebé solo puede prestar atención durante unos minutos. Le encantan las marionetas y el juego en el que te tapas la cara y apareces de golpe, pero no sirve de nada que juegues a lo mismo durante horas ya que se aburriría.

Cuando tiene unos dos años, es capaz de concentrar su atención durante más tiempo, a condición de variar constantemente de juego y de proponerle nuevas opciones. Así que tendrás que exprimir tu imaginación. Piensa en alternar actividades tranquilas con actividades más intensas. No olvides tampoco los tiempos de pausa para que no se pase de revoluciones.

A los niños de esa edad les encanta jugar con todo lo que se les cruza en el camino. Lo que más les gusta es dar golpes sobre los cubos con una cuchara de madera o jugar con los recipientes de plástico de la cocina...  ¡Tanto así que a veces te preguntas de qué sirve regalarle juguetes de verdad!

¿Quieres una idea divertida para desarrollar su agilidad? Construye un recorrido de obstáculos con pequeños bloques de espuma, cojines, juguetes y una gran caja de cartón. Tu niño tendrá que pasar por encima, gatear, atravesar el túnel… Los juegos de pelota, la piscina, el escondite, el triciclo también favorecen su psicomotricidad y se adaptan de maravilla a los primeros años.

¡Viva el deporte para bebés!

A partir de los dos o tres años, incluso al año para determinadas actividades, tu hijo puede empezar a hacer deporte... o mejor dicho, deporte adaptado para bebés. Esta es una buena manera de canalizar su energía fuera de casa a condición, claro está, de que haya algún sitio cercano que permita este tipo de actividades. No se trata de deporte propiamente dicho, con un entrenamiento y reglas que haya que respetar, sino de un aprendizaje corporal a través de un conjunto de juegos y actividades adaptadas a los más pequeños.

El objetivo de esas sesiones no es convertir a tu bebé en un atleta, sino ayudarle a tener gestos más hábiles y precisos. Así desarrollará su equilibrio, su coordinación y su capacidad de reacción; y en el plano psicológico, la confianza en sí mismo, el respeto hacia los demás, el espíritu de equipo y otros valores esenciales en su vida futura.

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