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¿Tiene mi bebé todo lo que le hace falta para crecer bien?

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Para un buen crecimiento, mi bebé necesita una alimentación equilibrada. Hierro, flúor, vitamina D, vitamina K... ¿Cómo puedo estar segura de estar alimentándolo bien?

Miércoles, Marzo 9th, 2016

Para un buen crecimiento, mi bebé necesita una alimentación equilibrada. Hierro, flúor, vitamina D, vitamina K... ¿Cómo puedo estar segura de estar alimentándolo bien?

Si tuviéramos que resumir este proceso en una oración sería: una alimentación equilibrada y variada en la que destaquen los productos lácteos, las frutas y las verduras aporta la ración diaria de nutrientes necesaria para el crecimiento de los niños (¡...y los adultos!). Está bien, pero a mi niño le cuesta aceptar el puré de vainitas y la compota de durazno. ¿Recibe las vitaminas y minerales suficientes para crecer bien? ¿Y por qué el pediatra le ha recetado suplementos nutricionales? A continuación encontrarás las respuestas a tus principales preguntas.

¡Una salud de hierro!

El hierro permite al organismo producir hemoglobina, sustancia encargada de hacer circular el oxígeno por la sangre. La falta de ese elemento puede provocar anemia, es decir, una caída de la resistencia a las infecciones, en especial las otorrinolaringológicas. Peso estancado, cara y labios pálidos, irritabilidad, llantos no habituales, falta de apetito e incluso rechazo a la comida y los líquidos son los signos característicos de la falta de hierro.

Para evitar la anemia, sigue estos consejos:

Dar el pecho, ya que el hierro está presente de forma natural en la leche materna, si la madre se alimenta de forma equilibrada
En general los alimentos más ricos en hierro son las carnes y sus derivados. Además, el organismo aprovecha muy bien el tipo de hierro que proveen. También hay alimentos vegetales ricos en hierro, pero su aprovechamiento es menor. Por eso, durante la diversificación alimentaria es preciso incluir en el menú del bebé los siguientes alimentos, siempre en función de la etapa en la que se encuentre: carne roja (respetando escrupulosamente las cantidades recomendadas, ya que el exceso de proteínas no es bueno para su salud), yema de huevo a partir de los diez meses y todo el huevo desde el año de edad, verduras ricas en hierro (espinacas, brócoli, arvejas, vainitas...), legumbres a partir del año de edad (lentejas, garbanzos, habas...), cereales (pasta, arroz y pan) y fruta fresca
Huevos (en general, al bebé le encantan en todas sus formas)
Pescado azul (caballa, sardina, salmón, atún...), primero triturado en el puré y luego en trozos pequeños
Hígado. Puede prepararse picado y con puré de papas
Los bebés prematuros podrían necesitar un complemento nutricional hasta que cumplan un año.

¿Sabías que…? Para favorecer la absorción del hierro presente en los alimentos de origen vegetal, es necesario tomarlos junto con otros alimentos ricos en vitamina C. Por ejemplo, puré de espinacas al limón, lentejas con pimientos o acompañar esos alimentos con un vaso de jugo de naranja.

El flúor, el aliado de sus dientecitos

Ese mineral es importante porque contribuye al crecimiento de los huesos y refuerza el esmalte de los futuros dientes del bebé, previniendo así la caries. Estudios recientes sugieren que la acción del flúor es más beneficiosa tras la aparición de los dientes.

Sigue el consejo de tu pediatra, pero debes saber que, por lo general, los dientes del bebé empiezan a lavarse hacia el año de edad, con un cepillo pequeño especial para su edad, suave, ergonómico y...¡divertido!

Vitamina D para huesos fuertes

La vitamina D permite que el calcio se adhiera bien a los huesos, de modo que crezcan sólidos fuertes y saludables. En los niños pequeños, la carencia de vitamina D puede provocar retrasos en el crecimiento. ¿Dónde se encuentra? La alimentación no cubre el 100% de las necesidades de ese nutriente. ¡El cuerpo fabrica la mayor parte de la vitamina D gracias a los rayos del sol! De ahí la importancia de dar al bebé un pequeño paseo diario al aire libre, siempre protegiéndolo de los rayos UVA-UVB con una gorra, lentes de sol y ropa que cubra brazos y piernas.

Sin embargo, la alimentación también ayuda.

Algunos alimentos son ricos en vitamina D y deben incluirse en el menú del bebé, si este no es alérgico a ellos y si se corresponde con el momento adecuado de la diversificación alimentaria:

Huevos (en general, al bebé le encantan en todas sus formas)
Pescado azul (caballa, sardina, salmón, atún...), primero triturado en el puré y luego en trozos pequeños •
Hígado. Puede prepararse picado y con puré de papas
¡La vitamina K es indispensable!

Producida por las bacterias del intestino, esta vitamina participa en el proceso de coagulación de la sangre. En un lactante, pueden existir carencias de esta vitamina. Un dato: casi todas las verduras, en especial espinacas y coles, los pescados y el hígado contienen vitamina K.

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